Sí. De hecho, muchas personas se plantean la mediación precisamente cuando la comunicación con la otra parte se ha deteriorado o resulta prácticamente imposible mantener una conversación sin que reaparezca el conflicto.
No es necesario llegar a mediación con el problema resuelto
Para iniciar un proceso de mediación no hace falta que las partes tengan una buena relación ni que estén de acuerdo sobre cómo solucionar el problema. Lo importante es que exista una disposición mínima para participar y escuchar las posibles alternativas.
La mediadora se encarga de estructurar las conversaciones para evitar que las sesiones se conviertan en una repetición de las discusiones anteriores.
¿Cómo se recupera el diálogo?
Durante las sesiones se establece un marco de comunicación con unas reglas claras. Cada persona dispone de un espacio para explicar cómo percibe el conflicto, cuáles son sus preocupaciones y qué necesita para considerar que existe una posible solución.
La profesional ayuda a identificar los temas principales, diferenciar hechos de interpretaciones y reducir aquellas dinámicas de comunicación que dificultan alcanzar acuerdos.
¿Y si la otra persona no quiere participar?
La mediación necesita la participación voluntaria de las personas implicadas. Si una de ellas no desea intervenir, no puede ser obligada a alcanzar un acuerdo mediante este procedimiento.
No obstante, en determinados casos puede realizarse una primera toma de contacto o sesión informativa para explicar en qué consiste la mediación y resolver dudas antes de que cada persona decida si quiere participar.
Cuando existe un conflicto familiar, civil o vecinal que se ha enquistado por falta de comunicación, valorar la mediación puede ser un primer paso para comprobar si todavía existe margen para encontrar una solución dialogada.